
Michael Manson está de vuelta con nueva música. «Rideshare» es el sencillo que da título a su próximo álbum, el sexto trabajo de su carrera, y llega con una propuesta que tiene mucho que ver con la colaboración, el intercambio musical y el placer de tocar junto a otros grandes instrumentistas.
Para este nuevo proyecto, Manson ha querido rodearse de músicos de primer nivel. En la canción que da nombre al disco participan Donald Hayes, saxofonista de la banda de Marcus Miller, y Dave Kochanski, teclista que trabajó junto al inolvidable George Duke. Pero la lista de invitados no termina ahí. El álbum contará también con las colaboraciones de Darren Rahn, Marquel Jordan, Najee, Kirk Whalum y James Lloyd, miembro de Pieces of a Dream.
Con semejante equipo, las expectativas son altas. El tema «Rideshare» apuesta por una melodía con fuerza, buenos arreglos y espacio para que cada músico aporte su personalidad a través de sus solos. Es una composición que se mueve cómodamente entre el jazz contemporáneo y el smooth jazz, sin perder ese carácter dinámico que tanto agradecemos cuando escuchamos una buena producción instrumental.
Hay algo especialmente interesante en este proyecto: Manson no parece buscar simplemente una colección de nombres conocidos, sino crear un auténtico diálogo entre músicos. Y eso se nota en la filosofía que hay detrás de la grabación. Cuando se juntan artistas con distintas trayectorias y formas de entender el jazz, pueden surgir momentos que difícilmente se consiguen trabajando en solitario.
El lanzamiento del álbum vendrá acompañado de una gira por Estados Unidos y otros países, en la que Michael Manson presentará esta nueva música junto a su formación.
El propio artista explica muy bien lo que busca con este trabajo:
«Hay conversaciones musicales que resultan fascinantes, y espero que el público pueda compartirlas conmigo. Esa es precisamente la alegría de la música. Hacer música de esa manera es, para mí, lo que significa realmente ser artista».
— Michael Manson
Y quizá esa sea la mejor manera de acercarse a «Rideshare»: dejarse llevar por lo que sucede entre los instrumentos, disfrutar de los solos y descubrir cómo cada músico encuentra su espacio dentro de una misma composición. Porque, al final, el jazz también consiste en eso: escuchar, responder y disfrutar del viaje.
